Frenando

 

Momentos inéditos como los que estamos viviendo frecuentemente nos llevan a estar con pensamientos muy activos y, por ende, a estar “mucho en la cabeza”. Es posible que estemos permanentemente “contándonos cosas”, con un relato propio interno que nos habla, sacando conclusiones de lo que hicimos, de lo que vamos a hacer… y aún en momentos de descanso corporal nuestra cabeza no frena, o lo que es peor, aumenta su actividad.

 

El poder frenar o “bajar un cambio” generalmente alivia, nos permite relajarnos. La idea es compartirles una manera sencilla para poder lograrlo de manera más o menos rápida y eficaz.

 

Podríamos decir que, cuando nuestros pensamientos están muy activos, parece que escucháramos nuestro interior, como si tuviéramos una conversación personal, interna. Nos escuchamos como si nos habláramos. Una manera de reducir esta conversación interna es atender a otro sentido. En el caso de la “escucha interna” el sentido activado es el auditivo. Pues bien, conectarse, por ejemplo, con el sentido táctil a través de los pies puede ser una estrategia para reducir lo auditivo sobredimensionado

 

La invitación es a concentrarte en cómo se siente el apoyo de tus pies, aún si estás caminando. Poner toda la concentración en tus plantas, la textura que están tocando… detenerte y tratar de sentir… ¿es algodón? Si las llevás ¿cómo se sienten las medias? ¿Con qué parte del pie sentís que pisás? ¿Los pies están fríos o calientes? ¿Qué sensaciones notás en los diferentes dedos? ¿Podés distinguir alguna uña estando en quietud? Y si apenas movés los dedos, ¿distinguís dedos de uñas al rozar la parte interna del calzado? ¿Cómo está distribuida la presión? ¿Cómo sentís la presión que le imprimís al talón? ¿Qué partes apoyan? Mientras hacés este recorrido interno comenzá a caminar intentando prestar atención a la respiración. Sentí como entra y sale el aire de tu nariz sin abandonar las sensaciones de tus pies. Quizás debas caminar más lento para poder prestar atención a tu respiración y a tus pasos… Quizás cada paso tenga que ser como en cámara lenta para poder darte la posibilidad de discernir las sensaciones. Intentá una pequeñísima caminata, de pocos pasos. Al terminar, sin juzgar y solo con el objetivo de darte información, atendé a cómo te sentís y si pudiste relajarte.